Gracias por bailar conmigo

20 January 2026

A poem by Sylvie Marie Olson

Buenos Aires baile más allá del tango

Acá existe un baile continuo de palabras,
un mar de lunfardismos que me ha rodeado desde que llegué a Ezeiza.
Rezo cada noche a un poder supremo para no equivocarme entre
corpiños y carpinchos, canchas y conchas;
Es una batalla constante.
Mis años de educación no me prepararon para nada
para lo que es el quilombo y la hermosura del español rioplatense.
Todo esto para decir,
gracias por fortalecer mi plasticidad neuronal, Argentina.

Más aún, mi equipo de fútbol me ha suministrado una educación de alta calidad del lunfardo
más allá de “colectivo” y “bondi”.
Según ellas, aprendí la poesía argenta de putear:
Sobre hinchar huevos y mandar a la mierda,
que agregar “remil” al principio o “-ito” al final añade sabor, es un arte divertidísimo.
Y por supuesto, la clásica invocación de todas las familiares y sus plantas bajas;
madres, tías, hermanas e incluso abuelas (dado que la guardás para un partido de semifinal).

Acompañando estas palabras existe otro nivel de comunicación,
un baile físico, de gestos y costumbres.
Al emplear estas palabras, los brazos bailotean, las cejas se extienden, las manos se contraen,
las muñecas oscilan y los ojos sonrían.
Y no importa cuánta gente haya, al llegar saludás a todas y al salir lo mismo.
Nunca he besado a tanta gente en mi vida como durante mi tiempo en Buenos Aires.

En esta ciudad la música abunda,
canciones en vivo me reciben cada día al abrir las puertas del subte:
“Flaca” “Creep” “Todo Cambia”
o en la tribuna las canciones de cancha.
También existen cantos más sutiles en las calles de Buenos Aires;
como el susurro de las Tipas blancas en un día fresco,
o escuchar a alguien gritar “la concha de tu madre” en camino a clase.
Para mí, eso es la música.
Como dijo Mercedes Sosa: “Lo cotidiano se vuelve mágico.”

Como extranjera, hay partes del baile que me asombran y los nativos ni siquiera piensan;
el ritmo del tránsito al ser llevada en auto a mi entrenamiento de fútbol,
los movimientos fluidos de camiones y autos que en unos momentos reconocen las líneas del
carril y en otros suelen ser mucho más trascendentes.
Un acuerdo no hablado, un idioma que no sé, aunque hablo en castellano,
Otro nivel de colectividad
Y una demostración de la fibra social de acá que mi crianza yankee no puede comprender.

Y por último, un aspecto muy importante; el baile de sabores:
Asados con mi equipo, choripán, empanadas de humita, me muero.
Y por supuesto el amor de mi vida, Rapanui,
Con mis amantes nombrados “dulce de leche”, “triple tentación”, “frambuesa”, “chocolate
amargo.”
Si hubiera crecido acá, “granizado” habría sido mi primera palabra.
Te puedo contar simplemente que no voy a tener ganas de vivir después de haberme enterrado
de Franui y de no poder conseguirlo al regresar a los Estados Unidos.
Chau – c’est fini – me muero.

Bailar este baile acá por los últimos 4 meses ha sido un verdadero placer.
Me siento agradecidísima de haber conocido este país, esta cultura y esta gente y de su
influencia en mí misma.

Me encanta como Argentina me ha cambiado,
más allá de la concentración impresionante del dulce de leche en mi sangre o de groserías
adquiridas en mi vocabulario.
Siento que ahora soy más abierta a la conexión más profunda que se encuentre en las
sobremesas, que mi argentinización invita la cercanía a mi vida.
Tengo un sentimiento de pertenencia con la gente que me rodea más fuerte y más seguro que
antes y con ello, una seguridad radiante de mí misma también.
Es un gozo absoluto estar en un lugar que me encanta cómo me está cambiando
Voy a extrañarlo con todo mi corazón.
Y más que nada, extrañaré los detalles sutiles.

Los ojos de Francella en pósteres del Eternauta,
Y La voz de Sabina en la cocina,
El olor del mate en mis clases,
Y El sabor de fernet con coca compartido por mi equipazo,
Las costumbres de Abrir regalos al momento de recibirlos,
Y de pedir 3 deseos en lugar de uno,
de Aplaudir cuando aterriza un avión o cuando termina una pelí,
Estar rodeada de una cultura que comparte—de nivel correspondiente—mi amor por el fútbol,
con CARP tatuaje en las pantorrillas y grandes afiches promocionales con Messi por todos
lados
Y extrañaré bailar con Nori en el living porque es un martes y estamos juntas.

No sé cuánto tiempo tardará mi “yo” para convertirse en un “yo,”
o cuando las paradas del subte se volverán lejanas en mi memoria,
Pero Buenos Aires y mis vínculos formados acá siempre tendrán un lugar amplio en mi corazón
Y siempre tendrán un gran lugar en la formación de la persona que soy hoy.

Entonces, gracias Buenos Aires,por las memorias y por el amor,
por mi equipazo, mis amigos y mi familia postiza,
por la innumerable cantidad de empanadas de humita que he consumido,
Y por las canciones de Gardel que retumban por mi camino.

Gracias Buenos Aires, por bailar conmigo.
Ha sido un honor, mi querido.